Qué risa que de verdad creyera que no fuera a llorar tanto al verla tras tantos años y aún sabiendo por encima qué esperarme de la trama. Iba preparada para que al verla tras casi 10 años, varias cosas me quedaran ahora anticuadas, cursis y enfrentarme al polvo que emborrona la nostalgia. Y sí, tiene cosas cursis, y la música me hizo dar un vuelco aunque sea por recordar todo lo que me hizo sentir hace tanto. Está muy bien hecha. Ahora que lo pienso, normal que cuando saliera lo petara tanto como primera película en mucho tiempo que destacaba en occidente sin salir de manos del estudio Ghibli. No recordaba que la animación estuviera tan guay y tan bien hecha. La luz es increíble. Los personajes tienen casi siempre sombreado plano, pero en ciertas escenas, sobre todo en los intercambios en el crepúsculo y el amanecer, hay una mezcla con sombras más suaves, que da resultados muy realistas. Pienso en la sombra de los árboles cuando llevan la ofrenda al dios de la familia Miyamizu. Son imaginarios muy conocidos, pero este de hecho me recuerda a la cabaña de Howl en el campo de flores de El Castillo Ambulante. Acostumbramos a que los paisajes de la animación japonesa sean muy bonitos también, y todos los barridos de la cámara por el cielo también lo son. No sé si demasiado, los colores son saturados, y hay un montón. Un poco bizarro que un cometa que destroza un pueblo entero y termina con la vida de cientos de personas luzca como un montón de caramelos de colores, empalagoso. No me disgusta tampoco, me recuerda un poco a la postal “El sol sale sobre la Tierra”, famosa en internet, del cosmonauta Alexei Leonov. Definitivamente se nota una dedicación muy detallista y el alto presupuesto y profesionalidad en la animación. No sé cómo estarán realizadas, pero las secuencias con aspecto de estar hechas a lápiz me gustan un montón, el aspecto que da es muy dulce y ver tanta simbología sobre cuerdas y lazos que nos unen los unos a los otros siento que hace sentir como un niño dibujando con tizas en el asfalto. Esta estética hace encogerse más el corazón, en una escena tan fuerte como la de Taki navegando por a saber qué plano de la realidad o más allá, intentando no dejarse llevar por la corriente. La creencia de los países del este de Asia del hilo rojo es muy tierna, y de hecho seguramente más popularizada por esta película desde que salió. Y me toca mucho esa parte de la película. A mí al menos me parece que juega mucho con no dejar claro si el destino es algo inamovible y realmente hay gente a la que estamos atados desde antes de conocerles (hasta donde sabemos). Y a la vez, pensar en el amor y el cariño como algo tan fuerte que nos hace capaces de, una única persona, reescribir el destino, incluso más allá de los recuerdos, en contra de toda lógica. Es muy curioso ver cómo una y otra vez, la fe de Taki y Mitsuha se sacude pero persevera ante tantas cosas que no tienen sentido y eligen seguir creyendo y buscándose el uno al otro. ¿Es porque son más fuertes que la marea o esque era su destino desde el principio? De hecho, por esto me gusta que la magia no se intente explicar nunca. Lo fuerte no es entender qué pasa, ni por qué, si no llegar el uno al otro y salvar a Mitsuha aunque todo te diga que es imposible. No sé si me molesta que me llene de esperanzas imposibles. Y luego también, verlo en sus amigos también, sobre todo en los de ella. Es muy tierno ver cómo las relaciones tan bonitas que tienen llegan hasta tal punto que la confianza en sus amigos prevalezca sobre la locura de que te digan que va a caer un trozo de meteorito sobre el pueblo y sí, explotemos una central eléctrica…en fin. La historia y el guión son una locura. Es que otra vez, entre la animación y los paros al corazón cada vez más seguidos de ellos olvidándose del nombre del otro, el rotulador que se cae al caer el sol, Mitsuha viendo que Taki no le reconoce porque no se da cuenta de que AÚN no la conoce, ver cómo él le había escrito “te quiero” en vez de su nombre en la mano…ni que la hubieran hecho en un laboratorio para que aunque sepas lo que pasa, verla sienta exactamente como que te clavan un cuchillo en el pecho y te lo retuercen una y otra vez durante el tercer acto. En los últimos años, pensaba que fue muy sobrevalorada cuando salió pero verla de nuevo ahora ha sido una bofetada, agradable que conste, incluso pensando en todas las otras películas que he visto desde entonces.