Después de un buen tiempo, fui de nuevo a una sesión de Espacio Retrato y disfruté mucho. Me sentía con nervios de no haber dibujado un retrato en mucho tiempo; y a la vez, al final creo que el no haberlo hecho durante un tiempo hizo que lo enfocara de forma diferente y salí con más satisfacción de la que me esperaba.
Desde que he empezado a subir cosas a este blog y retomado el dibujo después de un parón alrededor del cambio de año, estoy intentando enfocarme en entrenar la habilidad de observación para encajar mejor los dibujos. Tal vez me da por redactar algo sobre cómo lo estoy abordando (¿a alguien le interesa?).
A la vez, también estoy intentando practicar dibujar en tamaños más grandes de lo habitual en mí. Nunca he salido mucho del A5. Y cuando usaba A4 hasta ahora, no he solido aprovechar toda la superficie.
Así que decidí realizar el retrato en un bloc A3 que recibí de regalo hace un par de años cuando apenas dibujaba un par de veces al año y sigo agradeciendo de todo corazón. En su momento, en efecto, era incapaz de imaginarme dibujando algo tan grande, así que me alegro mucho de poder usarlo ahora.
Empleé casi todo el tiempo en realizar el encaje, que decidí hacer a portaminas PILOT Eno 0.7, azul. La cuadrícula inicial la hice a mano alzada con un portaminas amarillo anaranjado del mismo modelo, para contrastar.

Observa cómo se ve la plantilla de escritura abajo, jeje, a través de la que miro para intentar encajar
Aunque sé que el ejercicio de usar una cuadrícula transparente no es original de mi cabeza, un compañero me comentó que al parecer es algo que hacen en las escuelas de arte rusas. Me hizo risa pensar, por absurdo que sea, en si me dio por hacer un ejercicio así por la parte de herencia que tengo de allí.
Ya que nuestra modelo se hallaba a un par de metros de distancia, un mero milímetro de diferencia al observar a través de la cuadrícula suponía un grave error en el papel de tamaño A3, así que ciertas facetas del centro de la cara como la boca y la nariz me costaron mucho intentar encajar. Es que no están ni encajadas.
Aún así, me gustó ejercitar con la frustración. A fin de cuentas, mi objetivo es no depender de una cuadrícula transparente en algún momento.
Con las prisas, quería intentar realizar aunque sea una parte de dibujo sobre el encaje. En los últimos 40min de dibujo decidí pasar al lápiz, un Blackwing Matte.
Ya que no era más que un lápiz de tamaño estándar, me desquicié sombreando a toda mecha hasta tal punto que la modelo me dijo que se dio cuenta al terminar…jaja.

Obsérvese el vermut que nos tomamos para celebrar entre nosotros al terminar la sesión
Los retratos siempre me han intimidado, sobre todo porque en busca del parecido con el modelo, me asusta hacer un dibujo que resulte feo y quien lo vea, piense que le observo feo… Y lo que me gusta de este ejercicio en busca del ¿híper?-realismo, es que al enfocarme en la técnica, me permito justificar el olvidarme de la estética. Eso de buscar maneras de autoengañarse al cerebro de uno mismo y esas cosas…
Aunque no lo diera por terminado, me alegra mucho la sensación posterior de que podría seguir completándolo y a bastante gusto.
En definitiva pasarse a dibujar tamaños grandes realmente es una cosa.
Eso sí, a raíz del desquicie sombreando, aunque estoy locamente enamorada de mis Blackwing Matte, tal vez sigo el ejemplo que tanto agradezco de otro asistente al Espacio Retrato, Ismael Gutiérrez (@ismaelgutierrez.art), que directamente utiliza barras de grafito de aún mayor suavidad que la de los lápices a los que habitúo.
De hecho, Ismael es un artista increíble del retrato y la caricatura y actualmente ofrece una mentoría de retrato para desarrollar la habilidad de identificación con respecto de tus modelos: