Qué penita…qué incómodo…me siento como si se hubiera llevado un trozo de mí como si hubieran pasado una cuchara de helado por el pecho y el estómago…
Qué golpe, ver cómo empieza con la manifestación de los jubilados en busca de una subida de pensiones. Qué bajona que sea de hace más de 70 años.
Me deja con mucho miedo de opinar sobre el personaje de Umberto. Digamos: hace cosas tontas, irresponsables. Pero, ¿él lo es? Las malas decisiones que le vemos tomar, ¿son fruto de su pobreza o son la razón por la que ha llegado a esa situación?
Sobre todo con aquellas personas de mi vida, aquellas tal que su posición es menos privilegiada—en comparación y en determinados aspectos— (y yo conmigo en otros momentos), les escucho hablar de sus dilemas y cómo los navegan (o cómo eligen no navegarlos) y me encuentro con los mismos sentimientos de incomodidad. De no saber qué hacer con el pensamiento inicial de “¿eres tonto?“. “¿Por qué harías eso?” Y Umberto frustra. Se comporta de forma dispersa. Hace promesas apasionadas que no valen nada, como el hablar con uno de los posibles padres del hijo de María.
¿Qué hago con el personaje de María? Qué pena, si no tiene cara de ser ni adulta. Qué gracia más terrible me hace la forma en que le responde a Umberto que ambos pretendientes son “de ella”.
La noche que pasamos con ella desvelada me gusta mucho. El detalle de la cámara bajar a enseñarnos cómo se deja caer por la silla para alargar los dedos de los pies y cerrar la puerta. El reflejo de la lágrima que se ve sólo cuándo gira la cabeza de forma muy determinada y verla detenerse varias veces hacia las ventanas, todo en silencio. Dolor que duele más y más largo por pasarlo en silencio.
Y a la vez, por muy frustrante que actúe Umberto, no deja de resultar ameno y la película nos sigue enseñando la pena que da. ¡Cuán cercana la experiencia de no conseguir que te den cambio de un billete grande (jocosamente ENORME, de hecho) y entonces buscar cualquier chorrada barata para comprar y conseguir dicho cambio! Y el punto final de tirar el vaso por los aires. Tiene toques divertidos, como el de insistir con el reloj o el reflejo de miradas que comparte Umberto con el tipo que intenta evadirse vergonzosamente de la venta. Umberto suspirando cómo está harto de todo un poco ante María la noche antes de su deshaucio.
El tema del perro…creo que hace tiempo me daría mucha pena. Y me la sigue dando, pero pena me la da el perro y él me parece irresponsable por todas partes. Me frustra. Pero y…otra vez, ¿a saber si le tenía desde antes o no? ¿Cambiaría eso algo acaso, de lo que pienso, de lo que podría hacer él…? Creo que prefiero dejar las frustraciones a un lado, al menos de momento. Agotamiento ante las circunstancias de, honestamente, mierda, contra las que se enfrenta.
Creo que la película obliga a uno a enfrentarse largo y tendido al acto tan vergonzoso y humilde de no juzgar a Umberto porque en efecto desconocemos el pasado. Independientemente de lo tonto que te parezca él, lo que hace…es objetivo afirmar su situación de pobreza y falta de recursos, materiales, económicos, de inteligencia…a saber. Y partiendo de ese punto, ¿a saber qué puede hacer? Si tanta gente hoy en día con más cercanía a agua potable, alimento, información tiene los mismos problemas y peores, ¿qué puedo esperar de un jubilado agotado en la Roma de los 50?
Qué bonitas las calles empedradas de Roma. Dentro de toda la pesadumbre de la película, qué guay de pronto girar y encontrarnos con Santa María in Montesanto y dei Miracoli en la Piazza del Popolo. O el orgullo arrebatador de Umberto que le impide pedir limosna, con una vergüenza que ya no entendemos como sigue a flote a esas alturas, a los pies del mismísimo Pantheon. Me cago encima.
La peli termina con los dos saliendo adelante y dejándolo todo abierto. Amargo. Sabemos que en un par de horas a saber qué paradero tendrán cuando anochezca. Y a la vez, por este espejismo que me da la sensación que todos conocemos y que parece que acordamos no cuestionar en silencio, sabemos que de alguna manera saldrán adelante porque a fin de cuentas, es lo que nos encontramos en cada uno de nosotros una y otra vez.